miércoles, 10 de mayo de 2017

Trabajo comparativo - La Filosofía en Agustín de Hipona, Isidoro de Sevilla, Al-Kindi y Avicena

La Filosofía en Agustín de Hipona, Isidoro de Sevilla, Al-Kindi y Avicena
1.   Bibliografía
·     ABBAGNANO, Nicolás: Historia de la Filosofía volumen 1: Filosofía antigua, Filosofía patrística, Filosofía escolástica (trad. Juan Estelrich, J. Pérez Bastellar), Hora S.A., Barcelona (1994)
·     ABBAGNANO, Nicolás: Historia de la Filosofía volumen 2: La filosofía del Renacimiento, La filosofía moderna de los siglos XVII y XVIII (trad. Juan Estelrich, J. Pérez Bastellar), Hora S.A., Barcelona (1994)
·     AGUSTÍN DE HIPONA: Ciudad de Dios (Obras completas XVII), Capanaga (1958)
·     AL-JWARIZMI: Las llaves de las ciencias, G. Van Vloten, Leiden (1895)
·     AL-KINDI: Obras filosóficas de Al-Kindi (trad. Rafael Ramón Guerrero, Emilio Tornero Poveda), Coloquio, Madrid (1986)
·     ARISTÓTELES: Ética a Nicómaco (trad. José Luis Calvo Martínez), Alianza Editorial, Madrid (2014)
·     ARISTÓTELES: Metafísica (trad. María Luisa Alía Alberca), Alianza Editorial, Madrid (2014)
·     ISIDORO DE SEVILLA: Etimologías, Biblioteca de Autores Cristianos (2004)
·    MARTÍN PRIETO, PABLO (2005): Isidoro de Sevilla frente a los límites del conocimiento: etimología, astrología, magia, Temas Medievales, n.1, Buenos Aires enero-diciembre 2005
·     PLATÓN: Diálogos (trad. Mª Isabel Santa Cruz, Álvaro Vallejo Campos, Néstor Luis Cordero), Gredos, Madrid (1988)
·     Sagrada Biblia (trad. Eloíno Nacar Fuster, Alberto Colunga, Gaetano Cicognani), La Editorial Católica, Madrid

2.   Agustín de Hipona
Agustín nació en Argelia fruto de la unión de un pagano y una cristiana. Estudió estudió retórica en Madaura y Cartago y su precocidad lo llevó a desde muy joven ocupar cátedras en África. Más tarde se trasladó a Roma y posteriormente Milán. Con la edad surgió en él un interés por la verdad, hecho que puso a Agustín en el camino de la vida filosófica. En el 386 se convirtió al cristianismo y comienza a escribir, siendo sus obras más destacadas La ciudad de Dios y Confesiones, una autobiografía.

En el pensamiento agustiniano, de carácter marcadamente antifuncionalista, se observan influencias del maniqueísmo, del platonismo y del obispo de Milán cuando Agustín viajó a la ciudad: San Ambrosio. De hecho, fue por la influencia de San Ambrosio que Agustín cambió su concepción del cristianismo, que hasta ese momento era la e una religión de gente sencilla y comenzó a ver la compatibilidad de cristianismo y cultura.

3.   Isidoro de Sevilla
Isidoro de Sevilla nació alrededor del año 570 y falleció en el año 636. Sus obras suministraron de material a las escuelas abaciales y episcopapales, en las que se formaban los clérigos. Estas obras tenían el carácter de compilación, ya que no destacaban por una especial unificación sino por su yuxtaposición, y entre estas obras destacan De natura rerum, De ordine creaturarum, Sententiae y su obra más relevante: Etimologías. Esta última obra se compone de veinte libros y precisamente uno de ellos constituye el objeto de este trabajo. En ellos Isidoro condensa todo el saber del pasado independientemente de su índole, y por ello hay tanto cuestiones gramaticales como agrícolas, siendo estas primeras las más destacadas.

Isidoro recoge testimonios de distintos autores clásicos y de los Padres de la Iglesia, especialmente San Gregorio el Magno. La importancia de las Etimologías radica en que permitieron legar a las generaciones intelectuales sucesivas la ciencia antigua.

4.   Al-Kindi
Al-Kindi fue el primer filósofo musulmán explícitamente relacionado con la filosofía griega. Natural de Bagdad, donde murió en el año 873, escribió filosofía, matemáticas, astronomía, medicina, política y música. Destaca por ser uno de los autores a quien el califa Al-Mamún encargó la traducción de las obras de autores griegos, principalmente Aristóteles. No es casualidad, por lo tanto, que Al-Kindi se granjeara por sus numerosos comentarios aristotélicos el apodo de el Filósofo.

5.   Avicena
Ibn-Sina o Avicena, este segundo para la escolástica latina, fue un médico precoz de origen persa. Pasó por distintas ciudades como curandero para finalmente instalarse en Ispahán como secretario del príncipe, a quien acompañaba en numerosas expediciones.
Precisamente, en el año 1037 cuando Avicena acompañaba al príncipe a una expedición a la ciudad de Hamadan a los cincuenta y siete años de edad enfermó y murió. La actividad intelectual de Ibn-Sina no se reduce al campo de la sanación, sino que también destinó su intelecto a cultivar la filosofía, entre otros saberes. Su Canón de medicina destaca como su obra más célebre por su relevancia en el plano de la medicina medieval, aunque como obras filosóficas son reseñables el Libro de la curación o el Libro de la liberación. Además de la medicina, el gran legado de Avicena fue su traducción de prácticamente la totalidad de la obra aristotélica, ya que antes de llegar a Occidente sus traducciones solo había constancia de la lógica.

6.   Distintas concepciones de Filosofía
6.1.  La Filosofía en Agustín
Agustín recurre a Platón para la explicación de qué sea la filosofía para reinterpretar su legado y acercarlo a la teología. Agustín declara que la filosofía se divide en tres ramas: la física o natural, la lógica o racional y la ética o moral. Para engranar su explicación Agustín afirma que Sócrates, maestro de Platón, fue el primero en orientar la filosofía hacia la rama ética o moral, y que antes los filósofos solo se interesaban por la rama físico natural (los filósofos peri physeos).

Sin embargo, Agustín distingue partes en el estudio de la sabiduría, una activa y otra contemplativa: la primera trata el gobierno de la vida y la formación de las costumbres y la segunda las causas de la naturaleza y la verdad en sí. Agustín atribuye a Platón el haber logrado la unión de la parte activa y la contemplativa para el perfeccionamiento de la filosofía, que posteriormente divide en tres partes: moral, que se encuentra en la acción; natural, dedicada a la contemplación; y racional, cuya razón es el conocimiento de la verdad. Esto permite a Agustín conectar la concepción de la filosofía con la teología, ya que afirma que Dios es la causa de la subsistencia, la razón de la inteligencia y la ordenación de la vida, que precisamente se corresponden con la parte natural, racional y moral, respectivamente. Es por ello que Agustín se siente legitimado para afirmar que sabio es aquel que “imita, conoce y ama a este Dios cuya participación lo hace feliz”. De hecho, Agustín reconoce que nuestra naturaleza se da por tener a Dios como autor, por lo que Él será el maestro para alcanzar la verdad y la felicidad. En conclusión, vemos que esta concepción de la filosofía es de marcado carácter teológico.

6.2.  La Filosofía en Isidoro
Isidoro de Sevilla es más conciso y define la filosofía como el “conocimiento de las cosas humanas y divinas, acompañado del deseo de llevar una vida irreprochable”. A primera vista, la definición parece comprender tanto el plano epistemológico de la antropología y la teología como el plano de la moral. La definición de Isidoro continúa de manera sistemática ya que realiza una extensa clasificación. Acepta la formación morfológica de la palabra como amor a la sabiduría y la divide en tres: natural o física que estudia la naturaleza, moral o ética que trata las costumbres y racional o lógica que se hace cargo del modo en que se busca la verdad en los principios de las cosas y las costumbres de la vida.

Recuerda como Platón dividió la física en cuatro: aritmética, geometría, música y astronomía; y también como Sócrates, el primero en aplicar la ética a la corrección y arreglo de las costumbres, dividió la moral en las cuatro virtudes del alma: prudencia, justicia, fortaleza y templanza. No se olvida tampoco de la lógica o filosofía racional, destinada al estudio racional del fundamento de las cosas y las costumbres. La lógica, a su vez, se compone de dialéctica y retórica. Isidoro también cita otras definiciones de filosofía l: “La filosofía es el arte de las artes y la ciencia de las ciencias” o “La filosofía es la meditación sobre la muerte”, esta última de utilidad para el dogma cristiano. Siguiendo estas definiciones Isidoro realiza nuevas clasificaciones, dividiéndola en una parte especulativa y otra práctica.

La primera se refiere a aquello que podemos observar con la mente elevándonos por encima de lo visible, y la segunda es la que adopta las cosas propuestas a su forma de obrar. La parte especulativa se subdivide en un apartado doctrinal, uno natural y otro divino; y la otra en un apartado moral, uno doméstico y otro civil. Por último, en el apartado doctrinal Isidoro distingue cuatro subapartados: la aritmética, la música, la geometría y la astronomía. Con todo es evidente que la definición de Isidoro se desmarca de la agustiniana en tanto que una se centra más en el objetivo de la filosofía para conectarla con Dios y otra presta atención al carácter sistemático y abarcador de la disciplina.

6.3.  La Filosofía en Al-Kindi
Al-Kindi también es conciso y define filosofía como el “conocimiento de las cosas en su realidad, en la medida de lo posible del hombre”, y es así ya que el propósito del filósofo al conocer es alcanzar la verdad, y al actuar lo es el obrar conforme a la verdad. Al-Kindi habla de la relación entre las causas y los efectos otorgándole la primacía a la primera, y es por ello que considera que el conocimiento de la Verdad Primera, que es la causa de toda verdad, es la rama más importante de la filosofía: la Filosofía Primera.

Considera Al-Kindi evidente que ningún hombre obtiene la verdad por sí solo, pero si se reúne el conocimiento de todos aquellos que la buscan se logrará conocer una parte valiosa de esta. Insiste en que ningún hombre podría en una vida reunir el saber que muchos han acumulado durante siglos, y por ello cita a Aristóteles, a quien destaca sobre los otros filósofos griegos: “Debemos dar las gracias a los padres de quienes han aportado algo de verdad, puesto que son causa de que estos hayan existido; tanto más a quienes han nacido de ellos, puesto que los padres son causa de los hijos, pero estos son causa de que obtengamos la verdad” (Met., II, 1, 993b 11-19).

Al-Kindi afirma que todo aquel que porta la verdad se ennoblece, por lo que no se debe menospreciar ni humillar a aquel que porte la verdad sea de otra raza o pueblo, pues nada hay por delante de la verdad para aquel que busca la verdad. Esta definición de Al-Kindi es puramente epistemológica, se centra en la verdad como objetivo de la filosofía y de ella deriva distintas disposiciones.

6.4.  La Filosofía en Avicena
Avicena define la filosofía como un arte teórico que permite al hombre adquirir la percepción de lo que es la totalidad del ser en sí mismo y de lo que su acción debe necesariamente obtener para que su alma se ennoblezca, se perfeccione y se prepare en el mundo existente para la felicidad suprema alcanzable por la capacidad humana. Avicena divide la disciplina en dos partes, una puramente teórica y otra puramente práctica.

La primera tiene como objetivo la obtención del conocimiento cierto del estado de los seres cuya existencia no depende de la acción del hombre, y cita como ejemplo la búsqueda de una opinión como ocurre en la astronomía o la teología. La parte restante, la práctica, tiene como fin en este caso la adquisición de una opinión verdadera sobre algo que el hombre ha adquirido con el objetivo de obtener con ello un bien, es decir, busca una opinión interesada: una opinión con vistas a una acción. Avicena sintetiza los fines de las distintas partes así: la filosofía teórica se ordena conforme a la obtención de la verdad, y la práctica hace lo propio en aras a alcanzar el bien. Esta definición de Avicena es probablemente la más concluyente, pues delimita dos campos distintos con objetivos diferenciados dentro de una misma disciplina de manera concisa y congruente.

7.   Consideraciones sobre las definiciones
Las cuatro definiciones comparten similitudes pero también presentan diferencias específicas. Una de las diferencias, por ejemplo, la encontramos en Avicena, cuya definición es la única que no se apoya, al menos explícitamente, en la doctrina de los grandes filósofos antiguos Platón o Aristóteles. Como matiz a esto último cabe decir que Avicena ha pasado a la historia como uno de los grandes traductores de Aristóteles, por lo que aunque no lo mencione es muy defendible la influencia del estagirita sobre su pensamiento. Por lo tanto, la primera característica común que se puede sostener a la hora de relacionar las definiciones es el modo en que evocan los modelos de pensamiento platónico y aristotélico.

Una observación se puede realizar en lo referente a la Filosofía según Agustín, ya que es el único que vincula la consecución de la obtención de la verdad y la felicidad con la figura de Dios, a diferencia de Al-Kindi que se centra en la capacidad del hombre para encontrar la verdad o Avicena, que también se centra en la verdad y se pregunta por el bien. Llama la atención también que solo un autor, Isidoro de Sevilla, recurra a la definición de filosofía como amor a la sabiduría como por ejemplo si hicieron otros autores islámicos como Al-Jwarizmi (Las llaves de las ciencias, G. Van Vloten, Leiden (1895), pp 131-132). Destaca Al-Kindi por ser el único que no divide la disciplina de la filosofía, ya que tanto Agustín, Isidoro y Avicena distinguen distintos apartados dentro del estudio de la filosofía. Sobre esta cuestión el que más se explaya es Isidoro, probablemente por la naturaleza sistemática y clasificadora del tratado que contiene la definición.




martes, 9 de mayo de 2017

Recensión - Monarquía

1.   Información bibliográfica
·     ABBAGNANO, Nicolás: Historia de la Filosofía volumen 2: La filosofía del Renacimiento, La filosofía moderna de los siglos XVII y XVIII (trad. Juan Estelrich, J. Pérez Bastellar), Hora S.A., Barcelona (1994)
·     ALIGHIERI, Dante (1304-1321): La Divina Comedia (trad. Bartolomé Mitre), Centro cultural Latium, Buenos Aires (1922)
·     ALIGHIERI, Dante (1313): Monarquía (trad. Laureano Robles Carcedo, Luis Frayle Delgado), Tecnos, Madrid (1992)
·     ARISTÓTELES: Acerca del alma (trad. Tomás Calvo Martínez), Gredos, Madrid (2003)
·     ARISTÓTELES: Ética a Nicómaco (trad. José Luis Calvo Martínez), Alianza Editorial, Madrid (2014)
·     ARISTÓTELES: Política (trad. Carlos García Gual, Aurelio Pérez Jiménez), Alianza Editorial, Madrid (2015)
·     BOECIO, Severino (524): La Consolación de la Filosofía (trad. Pedro Rodríguez Santidrián), Alianza Editorial, Madrid (1999)
·     MARSILIO DE PADUA: Sobre el poder del Imperio y del Papa (El defensor menor y La transferencia del Imperio, (trad. Bernardo Bayona, Pedro Roche), Biblioteca Nueva, Madrid (2004)
·     PLATÓN: Parménides (trad. Mª Isabel Santa Cruz, Álvaro Vallejo Campos, Néstor Luis Cordero), Gredos, Madrid (1988)
·     Sagrada Biblia (trad. Eloíno Nacar Fuster, Alberto Colunga, Gaetano Cicognani), La Editorial Católica, Madrid

2. Autor
Dante Alighieri es un poeta universalmente conocido por ser autor de la Divina Comedia y por su labor junto a, entre otros, Giovanni Boccaccio y Francesco Petrarca en el enriquecimiento del dialecto toscano y su uso como lengua literaria que a posteriori contribuyó enormemente en el desarrollo del actual italiano.

Dante nace en Florencia alrededor del año 1265, época políticamente convulsa por la guerra entre güelfos y gibelinos y los conflictos en los que se inmiscuía el Papa en exhibición de su ambición abarcadora de territorios en nombre de los Estados Pontificios. Es reseñable en este momento ilustrar que Monarquía fue un libro prohibido por la Iglesia por sus ideas, como la separación del orden temporal y espiritual. A causa de la ocupación militar en Florencia siguiendo órdenes papales Dante hubo de exiliarse y viajó por distintas ciudades, para finalmente fallecer en Rávena a causa de la malaria a los 56 años. Sus restos fueron sepultados precisamente en Rávena y allí permanecen en la actualidad, a pesar de los intentos de las autoridades florentinas de recuperar a uno de sus más ilustres ciudadanos para que continúe su reposo en su ciudad natal. Por esta razón, la tumba destinada a Dante en la basílica de Santa Cruz sigue vacía bajo una inscripción que reza “Honrad al más alto poeta”

 Monarquía (del latín De Monarchia) fue escrita alrededor de 1313 mientras Florencia era sitiada por Enrique VII de Luxemburgo. Dentro de la cronología dantesca Monarquía se sitúa después del tratado De vulgari eloquentia, obra que Dante utilizó para analizar la lengua vernácula junto con su origen y correspondiente filosofía; y antes del Paraíso, la cúspide y tercera parte de la obra total del florentino, la Divina Comedia. En el momento de escribir Monarquía será muy notorio que Dante ansiaba una paz universal. A fin de enriquecer su abanico argumental Dante cita asiduamente distintos tratados del Filósofo, como Ética a Nicómaco o De anima.

3.   Ideas principales
Monarquía se compone de tres libros, cada uno con un distinto tema y un total de cuarentaiún capítulos. Como introducción Dante evidencia que, a pesar de la utilidad de la Monarquía, esta es vagamente conocida, por lo que perseguirá dar a conocer qué sea la Monarquía. Dante se hará cargo de la cuestión contestando tres preguntas: ¿es necesaria la Monarquía para el bien del mundo? ¿se atribuyó el pueblo romano el gobierno monárquico conforme al derecho? ¿depende la autoridad del Monarca directamente de Dios o hay un intermediario?

Libro I - ¿Es necesaria la Monarquía para el bien del mundo?
Dante comienza definiendo cual es su modelo ideal de Monarquía o Imperio (también es llamada así): “es aquel principado único que está sobre todos los demás en el tiempo o en las cosas medidas por el tiempo” (Monarquía. I, II). A lo largo de este primer libro el florentino aporta diez argumentos, a su juicio irrefutables, para defender la necesidad de la Monarquía temporal.

           Dante distingue las realidades sobre las que podemos actuar y las que no, y como ejemplo de las primeras destaca el arte de la política. En la política es el fin lo que determina la acción, por lo que definir el fin de la sociedad civil universal es requisito necesario para defender las acciones en aras a su consecución. Al afirmar que “ni Dios ni la naturaleza hacen nada superfluo” (Monarquía. I, III) Dante introduce un finalismo en la naturaleza humana. Este fin, que se relaciona con la facultad intelectiva exclusiva del hombre, es la paz universal.

Habiendo establecido el fin Dante argumenta cómo alcanzar nuestra perfección como género humano. Comparte con Aristóteles que cuando un conjunto de cosas se dirige hacia un fin común lo más conveniente es que una gobierne y el resto sea gobernada, igual que el paterfamilias en la casa, el alcalde en la aldea y, en este caso, el Monarca en el mundo. Dante también incide en la relación del todo con las partes al considerar que un poblado es tal cosa en tanto que participa de algo superior: la Monarquía. Sin embargo, el florentino se centra más en el orden del poblado, es decir, en el gobierno que a su vez es una parte de un gobierno más universal: el del Monarca único al que todos los demás órdenes deben subordinarse. Al final Dante acaba aplicando este silogismo del todo y las partes a la humanidad, que es parte de la totalidad del universo cuyo Monarca único es Dios, de lo que se deduce nuevamente la necesidad de un único Monarca a semejanza de la unicidad de Dios para alcanzar un correcto orden del mundo.

También son clave las Sagradas Escrituras para argüir la exigencia de la Monarquía por el bien del mundo. Recuerda Dante citando la Biblia “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza” (Gén. 1, 26) la semejanza con Dios, pero esta se da en mayor grado en tanto que los hombres son más uno, y el mayor grado de unidad solo se da mediante el sometimiento total a un único príncipe: el Monarca, cuya necesidad recae también en su función de agente dirimente de litigios entre príncipes menores por su suprema autoridad. Dante hace uso de la justicia y la libertad con el mismo objetivo. La justicia permite un mejor orden en el mundo, pero se oponen a ella los apetitos, defecto del que precisamente carece el Monarca al no desear nada mas que los hombres vivan bien, ergo su existencia es diligencia para el correcto funcionamiento del mundo. Sobre la libertad, “el mayor don hecho por Dios a la naturaleza humana” (Monarquía. I, XII), Dante afirma que se experimenta en mayor grado bajo la autoridad del Monarca, ya que no hay libertad con gobernantes inmorales.

El Monarca también debe serlo por ser quien se conduce a sí mismo de la manera más óptima, ergo será el que mejor impregne al resto de su modo de obrar. Comparte Dante con Aristóteles la caracterización de lo superfluo como malo, pensamiento que lo lleva a defender la perfección del gobierno de uno como medida para la multiplicidad de leyes de los distintos reinos, fruto de incesantes conflictos. Además, al identificarse la unidad con la bondad es necesario un gobernante que sea guía de la voluntad de los mortales, para que estos avancen en grupo concordemente logrando la unidad. El único lugar en la historia donde Dante encuentra esta perfecta Monarquía fue con Augusto, con quien se dio la paz universal.

Libro II - ¿Se atribuyó el pueblo romano el gobierno monárquico conforme al derecho?
La idea de encontrar la verdad sobre esta cuestión es lograr que los pueblos gobernados por príncipes, que se atribuyen a sí mismos sin conformidad al derecho gobiernos monárquicos siguiendo el modelo romano, se vean libres del yugo opresor de creer en la no conformidad al derecho romana. Para Dante el derecho es bueno y la voluntad divina, y argumentará en este segundo libro apoyándose en la razón humana y la verdad divina.

Dante es del pensamiento que al pueblo más noble le corresponde preceder a los demás, y este pueblo es justamente el romano por correr por sus venas la sangre de Eneas y de todas las partes del mundo. También es Roma un Imperio conforme al derecho por haber sido favorecida con milagros, ya que todo lo querido por Dios es favorecido por este para su perfección, y ejemplo de ello son, entre otros, el ganso que alertó de la presencia los galos o la tormenta de granizo que azotó a las tropas de Aníbal. Durante la lectura se percibe cómo todo el que busca el bien de la república busca el derecho como fin, y siendo el fin de la sociedad el bien común necesariamente este será el fin a su vez de todo derecho, siendo imposible que esto sea de otra manera; de lo que se deduce que la ley solo es tal al estar orientada al bien común de quienes se dirige. Dante encuentra prueba suficiente en las gestas del Imperio Romano durante la conquista del orbe de la tierra, y para ello evoca la labor del Senado y de los magistrados y de algunos particulares, como Cincinato o Marco Catón.

Dante manifiesta que algunos hombres han nacido para gobernar al igual que otros lo han hecho para ser gobernados y extiende esta concepción a los pueblos, es decir, algunos pueblos han nacido para mandar y otros para obedecer; siendo aquel pueblo destinado al gobierno el romano. Dante realiza una distinción entre los distintos modos en que puede darse el juicio divino. A algunos de ellos llega la razón humana por sí sola y a otros lo hace con ayuda de la fe, aunque existen unos juicios ocultos solo alcanzables mediante la concesión de una gracia especial, que puede ser una simple revelación o una revelación por arbitraje. Estas últimas a su vez se subdividen en revelaciones por colisión de fuerzas o duelo y revelaciones por competición.

           Sobre los últimos tipos de revelaciones Dante narra el triunfo de Roma en la competición por el Imperio por juicio divino, ya que también hubo otros que lo intentaron pero sin éxito: Nino y Semíramis, Vesoges, Jerjes, Alejandro… Dante recurre a San Lucas, “Salió un edicto de César Augusto para que se empadronase todo el mundo” (Lc. 2, 1), para concluir que la jurisdicción universal del mundo le corresponde a Roma. Sobre la revelación por duelo Dante afirma que lo que se obtiene es conforme al derecho siempre y cuando sea como último recurso para salvar la justicia, lo que se debe a que los requisitos formales del duelo implican un mutuo acuerdo en nombre de Dios en busca de la justicia, ergo Dios está presente y no permitirá la derrota del bando de la justicia, siendo esta la razón de la victoria romana sobre los demás pueblos.

           El florentino aporta argumentos de fe cristiana cuando hace evidente que afirmar la no conformidad al derecho del Imperio Romano es igual a la afirmación “Cristo al nacer aceptó la injusticia”, que todo creyente admitirá falsa. Además, Cristo quiso nacer bajo edicto de la autoridad romana, pues entre todos los pueblos de los distintos tiempos el romano era el más justo, ergo es conforme al derecho. De hecho, si el Imperio Romano no fuese conforme al derecho no hubiera estado capacitado jurisdiccionalmente para castigar a Cristo por el pecado de Adán. Como broche final al segundo libro Dante insta a los cristianos a dejar de censurar al Imperio Romano, ya que como acaba de mostrar Cristo lo aprobó tanto al principio como al final de su vida.

Libro III - ¿Depende la autoridad del Monarca directamente de Dios o hay un intermediario?
Dante encadena su argumentación desde el siguiente principio: Dios no quiere aquello que repugna la intención de la naturaleza. Ahora Dante pretende esclarecer la verdad para dirimir el litigio que lleva a las personas a defender cosas falsas, y se refiere a tres tipos de hombres que se oponen a la verdad que defiende: el Papa y quienes por celo de la Iglesia lo siguen, quienes nacidos del diablo habitan en el seno de la Iglesia cuestionando verdades sacras y los decretalistas, que defienden que el fundamento de la fe son las tradiciones de la Iglesia. La búsqueda de la verdad dantesca solo se dirige al primer grupo.

Dante refuta a estos hombres por su alegoría del Sol y la Luna de la Génesis, mediante la cual deducen que el orden espiritual y temporal se encuentran en una relación de subordinación al recibir el reino temporal toda autoridad del reino espiritual, en tanto que toda luz de la Luna proviene del Sol. Para Dante es claro el carácter erróneo del silogismo por el motor propio y la luz emanada por la Luna en los eclipses, aunque acepta la mayor eficacia del orden temporal cuando recibe ayuda del espiritual. Durante el transcurso de este tercer libro Dante niega el silogismo mediante el cual el Papa puede deponer al Monarca temporal en virtud de aquello mismo que hizo Samuel con Saúl por mandato divino. Dante muestra como el círculo del Sumo Pontífice arguye que este es vicario de Dios al igual que Samuel, a lo que Dante refuta aclarando que Samuel no era más que un nuncio; y, en el caso de llegar a ser vicario de Dios, el Papa jamás tendría su misma autoridad.

           El florentino tacha de ilícito hacer cosas contrarias al oficio de uno y por ello censura la donación de Constantino a la Iglesia tras la cura de su lepra en tanto que, como Emperador, su función es mantener el Imperio unido, y donar una parte sería separarlo. A esto añade que por precepto de San Mateo, “no os procuréis oro, ni plata, ni cobre sobre vuestros cintos, ni alforja para el camino” (Mt. 10, 9-19), la Iglesia no puede recibir bienes temporales más que por patrocinio, y de ninguna manera en calidad de propietaria.

Dante también reprueba a aquellos que defienden la autoridad del Imperio como obra de la autoridad de la Iglesia al demostrar que el Imperio tuvo su autoridad y existencia antes que esta apareciera. Para argumentar la procedencia directa de Dios de la autoridad del Monarca Dante divide al hombre en cuerpo y alma, respectivamente corruptible e incorruptible. Esto conlleva un doble fin del hombre y para ello han de existir dos guías: el Emperador y el Papa.
De esta manera resulta evidente que ambos son necesarios al proceder su autoridad de la voluntad divina. Como apunte final Dante, a pesar de haber negado la supremacía total del poder espiritual sobre el temporal, sí considera que el Emperador debe reverenciar al Sumo Pontífice en tanto que la felicidad mortal se ordena a la inmortal.

4.   Conclusión
Dante aporta en De monarchia numerosos argumentos para defender tanto la secularización del Estado como la necesidad de un Imperio de probado origen divino. La obra permitió fundamentar una disminución de la autoridad eclesiástica, razón suficiente para que la Iglesia prohibiese Monarquía. Por los argumentos dados Dante también facilita la defensa de la primacía histórica del Imperio Romano y siembra el germen del sustento ideológico de las grandes monarquías absolutas de los siglos XVII y XVIII.

La razón personal para la elección de este texto se debió a mi interés en la obra dantesca por haber leído extractos de La Divina Comedia y libros relacionados. Encontrar un tratado en prosa de tanta calidad lingüística ha sido muy grato y a razón de ello he recomendado a distintos compañeros la lectura. Considero que la relación entre Iglesia y Estado es aun a día de hoy un tema candente, tal vez en distinta manera, pero todavía Monarquía puede constituir una lectura de interés para cualquier persona interesada en la relación de los órdenes temporal y espiritual, el modelo de la monarquía absoluta o la historia de Roma.