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jueves, 11 de mayo de 2017

SANTO TOMÁS. Eje temático: Sobre la verdad.

               Santo Tomás de Aquino.  (Roccasecca, Italia, 1224/1225-Abadía de Fossanova, 7 de marzo de 1274).

Indiscutiblemente el teólogo  y filósofo más importante del XIII. Su postura fue clara: la filosofía es el instrumento para probar (mediante el uso de razón) algunas de las verdades de fe, a priori indemostrables. Firme partidario de la razón y de la experiencia, lleva a cabo una labor de eclecticismo, al tiempo que una obra integradora y constructiva, de la que no son ajenas las influencias paganas, judías e incluso musulmanes. Aceptó, en la medida de lo posible, la doctrina aristotélica acerca del mundo y de la acción humana. La labor del hombre, en concreto del filósofo, no es otra que el continuo perfeccionamiento de la capacidad racional.

“El intelecto humano obtiene todo su conocimiento de la percepción sensible, por lo  que no posee un conocimiento directo de las cosas a las que los sentidos no tienen acceso” (Weinberg).

El principio aristotélico de que "todo conocimiento empieza por los sentidos", es utilizado por Santo Tomás para limitar la capacidad y las pretensiones de la razón. La razón humana puede, es cierto, elevarse hasta Dios; pero sólo partiendo de las cosas sensibles. "Mediante la razón natural, el hombre no puede llegar a conocer a Dios si no es a través de las criaturas. Las criaturas conducen al conocimiento de Dios, como el efecto lleva a la causa. Por consiguiente, gracias a la razón natural, sólo podemos llegar a conocer de Dios lo que le corresponde necesariamente por ser el principio de todas las cosas que existen" (Sum. theol., I, q. 32, a. 1).



Punto relevante para la exposición del tema de la verdad es la doctrina tomista de la analogía, de nuevo con mucha carga del filósofo de Estagira. Existen distintos tipos de semejanza o parecido: igualdad exacta, semejanza imperfecta según grados, semejanza genérica según especies y, en último término, analogía. Una vez demostrada la existencia de Dios, cabe destacar que los términos que se aplican a éste solo pueden ser analógicos, en tanto que Dios no pertenece a ninguno de los géneros de las cosas creadas. En De Veritate (1256-1259), Santo Tomás distingue “analogía de proporción” y “analogía de proporcionalidad”. Mientras la analogía de proporción consiste en “aplicar un término a varias cosas que están relacionadas con otra o en aplicar un término a dos o más cosas entre las que existe una dependencia causal”, la analogía de proporcionalidad es aquella en la que “un término se aplica a dos cosas”.

ANSELMO DE CANTERBURY. EJE TEMÁTICO: SOBRE LA VERDAD.

San Anselmo (Aosta, 1033-Canterbury, 1109). y los comienzos de la Escolástica.

Con la figura de San Anselmo, podemos considerar que comienza a desarrollarse la actividad intelectual y reflexiva en sentido propio de la filosofía, si bien autores precedentes como Escoto Erígena ya habían tratado temas que prefiguraron lo que se iba a desarrollar en el XII. Uno de estos temas es el recurrente problema de los universales, en el que se inscribe también la cuestión de la verdad que intenta abordar el presente trabajo. Este debate sobre los universales tiene su punto de inflexión en la traducción de los Comentarios de Boecio.

Respecto a los universales, la postura imperante al comienzo de la Edad Media era la de realismo extremo, enraizada con Porfirio, que sostenía que éstos se encuentran fuera de la conciencia y se sitúan con anterioridad a los individuos.

Otra de los conflictos intelectuales de la época fue la discusión acerca del papel que desempeñaba la dialéctica. San Anselmo, con una actitud moderada en cuanto al empleo de la dialéctica, se erige en este contexto como el iniciador de un nuevo tipo de filosofía, más compleja y abarcando más campos cognoscitivos, que se desarrollo en la Edad Media a partir del XII. En sus obras teológicas se aclaran, de hecho, muchos aspectos de sus homólogas filosóficas.

San Anselmo perpetúa la asunción de San Agustín de que la fe precede a la comprensión y proporciona los datos de ésta. Hay una taxativa afirmación de que el ser humano debe tratar de comprender aquello en lo que cree. El deseo de comprender se inicia con los datos de fe (experiencia inicial), para llegar a la efectiva comprensión mediante lo que el autor de Aosta llamará “razones necesarias”.

Como se comentará posteriormente, una de las diferencias que separan a San Anselmo de Santo Tomás será el mayor interés del primero en la lógica y la consistencia en los argumentos del lenguaje. El lenguaje que encontramos en sus obras, con el planteamiento de pruebas y argumentos, pone de manifiesto esta preocupación, ya que se trata de un conjunto de proposiciones lógicamente verdaderas e inferencias válidas. Asimismo, utiliza herramientas dialécticas, tales como la reducción al absurdo.

Junto con San Agustín, sostiene que el conocimiento de la verdad necesaria es resultado de una iluminación que alumbra a todos los hombres. Parece que la necesidad de la verdad lógica depende de la voluntad divina. En lo referente a la verdad, Anselmo sostiene que hay varios tipos: juicios afirmativos y negativos, verdad de opinión o pensamiento, verdades de voluntad o deseo y verdades de las cosas. Todas estas verdades se equiparan a un modelo, a saber, a Dios, causa última de todas ellas.  Se está afirmando la necesidad de la existencia de una Verdad Suprema, es decir, eterna.
Una comprensión adecuada de su teoría de las verdades lleva a una mejor interpretación de la prueba  de la existencia de Dios, expuesta en el Porslogion. A partir de Kant, esta prueba recibirá el nombre de prueba o argumento ontológico (Ratio Anselmi). Con precedentes en Platón, en Boecio o, incluso en Séneca, San Anselmo sostendrá que Dios es aquello mejor que lo cual nada puede ser pensado, en términos agustinianos. No obstante, su aportación es única en este campo y le ha valido hacerse un hueco importante en la Historia de la Filosofía.


La fe nos hace comprender que hay “algo mayor que lo cual nada puede ser pensado”. (Weinberg). Y en efecto, aquello mayor que lo cual nada puede ser pensado existe tanto en la mente como en la realidad. Tiene que existir, ya que sería una contradicción afirmar que aquello mayor que lo cual nada puede ser pensado no existe. Vemos de nuevo, en este punto, la relevancia de la lógica y las premisas verdaderas en su argumentación. Para Anselmo, el contenido del pensamiento debe tener alguna correspondencia en el plano de la realidad.